domingo, 19 de agosto de 2012

Día 1: el Cementerio de todos - Santiago de Chile

Decidí escribir las experiencias de mi primer viaje a Europa que, espero, no sea el último. Me costó tomar esta decisión, la de viajar más de 12 horas en avión para llegar a un continente que solo conozco por fotos, películas e historias de muchos que han estado por allá. Me voy el martes 21 de agosto, por Air France y llego a Paris pasadas las 11:30 AM, pero mi destino final es Barcelona, España, no sin antes visitar por unas pocas horas la capital española, Madrid. Mi recorrido supone Italia, Francia, Alemania y algún otro país y, por supuesto, el mío : Chile. 

Mis vacaciones comenzaron antes, cuando ayer deje Antofagasta en un vuelo muy turbulento hasta un Santiago que me recibió con un cálido sol de invierno. Cruze media capital para llegar a mi destino final, en Maestranza (comuna de San Bernardo) y me dispuse a salir, ya que había que aprovechar que no estaba lloviendo y que el sol al menos, abrigaba. 

Venir a Santiago es siempre grato. Considerada una de las capitales más bonitas y entretenidas del mundo, Santiago es enigmática, misteriosa, con mil historias y rincones que nunca terminas de conocer.  Es el principal núcleo urbano de nuestro país, el centro obligado de todo turista extranjero que desee disfrutar de la buena mesa, de la cultura y del entretenimiento bohemio. De hecho, es considerada una de las mejores urbes para los inversionistas de Latinoamérica. Pero no son estos los factores que hacen de Santiago, una lugar especial para mi: es ese olor a tierra mojada en invierno y las hojas de los alamos en el suelo; los paseos bajo la lluvia por la Alameda o el Parque Forestal, las cafeterias del centro, los museos, el Paseo Lastarria y sus puestos de vinilos de tango, de jazz, de Raphel y Ray Coniff. Mi madre es santiaguina, y desde que tengo seis años que visito Santiago. Pero no fue sino hasta hace cinco años que realmente he aprendido a conocerla. De a poco he recorrido sus calles, sus museos, sus paseos y la buena mesa.

Esta vez fue el turno del Cementerio General de Santiago, inaugurado el 09 de diciembre de 1821. Considerado uno de los camposantos más hermosos del mundo, el Cementerio General guarda ese misterio en cada uno de sus enormes calles, llenas de flores, algunas de mentiras y otras secas, que te invitan a la reflexión y a la meditación en cada uno de tus pasos.  Alberga a muchos personajes quines, desde su  perspectiva, han marcado la historia de nuestro país: Presidentes, nobeles académicos como Andrés Bello, cantantes populares como Victor Jara y Violeta Parra,; y políticos como Jaime Guzman y Orlando Letelier. También es y seguirá siendo mudo testigo de aquellos parajes de nuestra historia que han sido negros y espeluznantes como lo fue Golpe de Estado: El Patio 29, es el lugar donde se ocultaron los cuerpos e identidades de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos.

Después de un día de lluvia, la tierra aún estaba mojada y las tumbas relucían sus nombres, invitándote a descubrir sus historias. Yo caminaba y retrocedía en el tiempo, admiraba los mausoleos e imaginaba como habría sido la vida de aquellos que allí descansaban. Había mucha gente dejando flores a sus deudos y otros sencillamente estaban sentados, descansando o solo pensando. 

Y, a pesar de que sus tierras albergan a grandes personajes de nuestra historia, al caminar desistí  de recorrer los patios de "los famosos". Pensé que el cementerio es de todos, desde el más pobre hasta el más rico, de aquel que llegó a convertirse en Presidente de Chile hasta del ser humano común y corriente que solo supo vivir y compartir su vida.  Y yo soy de aquellas comunes y corrientes, y me sentí más plena de caminar como cualquiera que visita a su deudo un día domingo. 


El Cementerio General de Santiago es Patrimonio Cultural y punto obligado para quien quiera conocer Santiago. Yo lo recorrí, pero no realizando el tradicional recorrido que ofrecen los paquetes turísticos. No visite a los personajes ilustres que allí descansan, sino que visite a los que me iba encontrando en el camino, leyendo cada uno de sus epitafios.